En general, un imán o magneto es un dispositivo que produce una fuerza de atracción o repulsión en un material por medio de un campo magnético.
Se pueden clasificar en tres tipos básicos:
Sí, los "imanes permanentes" conservan sus características magnéticas por tiempo ilimitado, sin necesidad de estar conectados a ningún tipo de fuente de energía. Generalmente pierden poder si son expuestos a altas temperaturas, a la interacción de otros campos magnéticos, a un aparato desimantador, o por golpes que alteren su superficie.
Los imanes industriales están compuestos por aleaciones de materiales diferentes. Ejemplos: Alnico (aluminio, níquel y cobalto), ferrite (óxido de hierro, óxido de bario u óxido de estroncio) y neodimio (neodimio, hierro y boro).
En la mayoría de los casos la respuesta sería "no". No obstante, las personas que tienen marcapasos o ciertos metales implantados en sus cuerpos deberían mantenerse alejadas de los campos magnéticos de alta potencia.
En general, un imán con un campo magnético fuerte puede dañar cualquier sistema de almacenaje magnético, como bandas de tarjetas de crédito o débito, tarjetas de memoria, memorias de celulares o discos duros de computadoras. También algunos relojes pueden verse afectados. Por eso se recomienda alejar los artículos personales de un imán industrial.
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